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Entrevista publicada en suplemento SI del diario Clarín el 19 de enero de 2001.- OTRA ENTREVISTA

CIRUELO, LA MARCA DEL DRAGON

En la fantasía hiperrealista de Ciruelo Cabral conviven dragones y princesas desnudas. Dibujó la trilogía literaria post Willow de George Lucas y también hizo la tapa del último disco de su amigo Steve Vai (The 7th Song).Tiene cuatro libros editados en el mundo, y todo eso tras haber comenzado a los 18 como cadete en una empresa de publicidad, mientras se repartía entre su banda de rock progresivo y el rugby.
Hay quienes se tatúan sus obras: él lo supo sólo cuando se encontró con un chico que lucía uno de sus dragones desde el cuello hasta el muslo serpenteando por la espalda. Además dibujó en Fierro y es amigo de Spinetta quien escribió:
"Con su cabeza de brujo el arte Ciruelo perfuma el lamento noctámbulo y frío. Son personajes entre arbustos gigantes en la impenetrable estanqueidad del mundo. Son rocas que se alzan hacia el cosmos, también... Erguidos, con sus dedos ennegrecidos y estrella."
Ayer inauguró su muestra en el Palais de Glace (Posadas1725), donde mañana a las 18 dará una clínica de ilustración. Imperdible el florecimiento de Ciruelo.

Entrevista publicada en el Diario Clarín de Buenos Aires, el 27 de enero de 2001.

ARTE: UNA MUESTRA DE CIRUELO EN EL PALAIS DE GLACE

Sombras del futuro dibujadas sobre piedra
Por Patricia Kolesnicov

Velas, grutas, espadas, barbas, guerreros, vapores alquímicos, princesas con los pechos desnudos. Colmillos, seres alados, dragones, abismos. El Palais de Glace mismo hecho una caverna por y para los personajes y los trazos de Ciruelo, un artista argentino de 37 años que vive en Barcelona.
Algunos personajes no están sobre papel ni sobre tela. Ciruelo exhibe en esta muestra en Buenos Aires su invento: los petropictos. Dibujos sobre piedra, que el artista hace aprovechando las líneas propias del material. Parecen esculturas, pero son sombras.

En los pliegues de la piedra, Ciruelo ha visto una mujer; su cabellera, su perfil. En otro, una mujer dormida, con un vestido estampado y desplegado. Un príncipe maya con un pájaro. Un elefante. En el video que se proyecta en un rincón, el artista dirá que no son creaciones totalmente suyas sino que él toma lo que le sugiere la piedra. Pero cuando se mira el resultado, no hay dudas: son personajes de Ciruelo.
Si se piensa en Ciruelo hay que ver cierta estética de la historieta hiperrealista, que puede combinar en un personaje una corona maya, un traje con hombreras como las que usaban los conquistadores españoles y una guitarrita eléctrica. Sus paisajes son inquietantes: a veces no hay sangre y combate sino una pradera soleada; pero del otro lado de la cordillera acecha la tormenta y el desierto. O unas ratas muestran sus dientes feroces a los paseantes.

El artista era cadete de una agencia de publicidad cuando se empezaron a ver sus trabajos. Publicó en varias revistas y salió para España. Hizo tres libros, ilustró Shadow Chronicles, una trilogía de George Lucas e hizo la tapa del último disco de Steve Vai: un petropicto que se exhibe ahora en el Palais.
Hay un Ciruelo mitológico, pero en muchos momentos se puede leer en él un discurso social. En Ríos de plata —acrílico sobre papel—, un guerrero pelirrojo con un sombrero de vikingo al que se le ha partido un cuerno se enfrenta a las aguas. Detrás de él, en un árbol, cuelgan calaveras. Y el hombre es un argentino que tenía 20 años cuando terminó la dictadura.

En 1992 —¿a partir de las celebraciones de los 500 años del descubrimiento de América?— Ciruelo hizo Lucha desigual, donde un robot con un arma del futuro se esconde detrás de una pared. Y en la pared, inútiles, hay clavadas varias flechas y una lanza.
Como en las historietas de ciencia ficción, Ciruelo alerta sobre el destino de la humanidad en un cuadro donde hay gente, en una ciudad, esperando el colectivo, manejando, leyendo el diario. Todos llevan una máscara conectada a un tubo de oxígeno.
Además de los trabajos en acrílico y de algunos dibujos en birome, Ciruelo exhibe hojas sacadas de sus cuadernos de viaje. Son literalmente eso: hojas arrancadas de un block espiralado. Casi todas tienen, además, un pequeño texto en letra prolija. En un trabajo hecho en Dallas en el 2000 se ven unas manos y se lee: "Un día dije ''no dibujo más, ahora quiero ser mago''. Y cuando hice magia me di cuenta de que era igual que dibujar".
En otro texto se lee: "Una operación cerebral es un espectáculo prohibido". Sin embargo, Ciruelo ha abierto en esta muestra las puertas de sus operaciones cerebrales y se le ven los monstruos.
Dado a las confesiones, desde una inscripción pegada en una pared el artista cuenta su secreto: a pesar de los colores netos de sus acrílicos, a pesar de las precisas gotas de sangre que chorrean de la espada de Sir Lancelot; a pesar de la justeza de la lata de Coca Cola en la que se apoya la chica... Ciruelo es daltónico.
La muestra sigue en el Palais de Glace —Posadas y Schiaffino, Recoleta— hasta fines de febrero. De lunes a domingo, de 15 a 21. La entrada sale dos pesos. Los martes, gratis.

Qué es un petropicto ? Con una computadora se puede hacer que una imagen parezca esculpida en piedra. Un petropicto es algo así. Lo notable es que es piedra.
"Petropicto, o el arte de pintar sobre piedras, consiste en trabajar directamente sobre éstas sin alterar la forma original otorgada por la naturaleza y el azar. Así se revelan imágenes tridimensionales de seres humanos, animales y todo tipo de criaturas".
"A medida que voy trabajando —dice Ciruelo en el video— voy descubriendo más. Me las va dando la piedra. Es un diálogo con la piedra". Mientras muestra la piedra original y los finos trazos con los que van saliendo de ella las figuras, explica que la idea es "a través de la pintura, lograr una escultura"

OTRA ENTREVISTA............................................................................