Estas piedras dan la sensación
de haber sido esculpidas para obtener ciertas figuras;
en realidad, han sido estudiadas hasta descubrir las imágenes
que más se amoldan a ellas.
El resultado final es una obra a medio camino entre la pintura
y la escultura.
Para lograr este efecto realista, Ciruelo utiliza sobre todo
el aerógrafo y también
el pincel en algunos detalles; la pintura es acrílico.

Este tipo de exploración le
permite satisfacer hasta cierto punto sus deseos de trabajar
en tres dimensiones; además, se centra en la piedra, un elemento
que siempre lo ha
fascinado y es fuente de inspiración de muchas de sus ilustraciones.
A los diecisiete años, Ciruelo empezó a experimentar con la
técnica del marmolado,
que a partir de una serie de manchas le permite crear sorprendentes
texturas pétreas
y toda clase de efectos interesantes. Años más tarde, la búsqueda
sigue siendo la misma,
sólo que ahora Ciruelo pinta directamente sobre la piedra.