CONFIESO
QUE HE VIAJADO
- El
gran legado de los Incas
entrevista
Marina
Oybin
Un
viaje mágico a Perú y la comprobación
del parentesco con nuestros antepasados indios.
Ciruelo. Ilustrador *
"Cuando
salgo de viaje siempre llevo un cuaderno en el que apunto
algunas reflexiones sobre las nuevas experiencias. Así,
descubrí que en otros lugares surgen dibujos completamente
diferentes a los que hago en mi estudio, y me encanta
ver cómo el entorno actúa sobre ellos. Hace
cuatro años hice un viaje a Perú que resultó
mágico. Fui, con mi hermano y unos amigos a Cuzco,
luego a Machu Picchu y, en el camino, pasé por
todos los pueblos intermedios: Ollantaytambo fue uno de
los que más me gustó.
Tuvimos la suerte de estar acompañados, en todo
momento, por un chamán inca que nos enseñó
muchísimo, y nos permitió llegar a sitios
desconocidos y de difícil acceso. Vivimos quince
días de descubrimientos continuos. Nos metimos
en cuevas por las que bajamos decenas de metros en la
oscuridad -con temor, en algunos momentos- para salir
por otro sitio, luego de haber entrado en unas cavernas
inolvidables. En Cuzco, cerca del conocido Templo de la
Luna, visitamos un lugar secreto y bellísimo: el
Templo del Arco Iris. Creo que es el lugar más
maravilloso del mundo. Nunca hubiéramos podido
llegar allí sin las indicaciones de este chamán
de gran sabiduría. El templo es una piedra gigantesca,
en medio de un valle verde intenso donde hay unos bosquecitos
muy empinados. Abajo corre un riachuelo turquesa, que
atraviesa una roca enorme y forma una gruta. Allí,
sobre las paredes de la roca, los incas tallaron laberintos
y balcones. Desde uno de ellos al asomarse se puede ver
una pared chorreada de cientos de colores, provenientes
de distintos minerales, un arco iris sobre la roca.
Fue una experiencia única, ya que descubrí
la cultura inca y todos los aspectos en común que
tengo con ella. Me impactó la similitud entre su
percepción de la realidad y la mía. Y esto
lo noté, especialmente, en mi trabajo artístico.
Hace varios años, desarrollo una faceta de mi arte
llamada petropictos, que son obras pintadas
sobre piedras. Descubro la forma natural que hay en ellas
y la uso para lograr un elemento de apariencia tridimensional
-sólo a partir de la pintura- sin tallarla. Sin
embargo, dan la sensación de haber sido esculpidas.
Surgen, así, imágenes de guerreros, elefantes,
sirenas, personajes alados, y rostros de gnomos y hombres.
Me sorprendió descubrir que los incas también
tenían esta habilidad para ver figuras en las piedras.
Todas sus construcciones, incluso las ciudades, se creaban
pensando en la forma que tendrían al ser observadas
desde el aire.
Un aspecto que me apasiona y me resulta increíble
es que construían los
templos y las pequeñas urbanizaciones cerca de
montañas que tenía para ellos una forma
significativa. Machu Picchu, por ejemplo, tiene las montañas
del Puma y el Cóndor, que son los dos grandes símbolos
de su cultura.
Este viaje fue clave en mi vida, ya que sin que me lo
propusiera me demostró que tengo un fuerte vínculo
con la cultura inca y su cosmovisión, y que mi
habilidad para pintar las piedras tiene mucho que ver
con ellos y su arte."
*
Ciruelo Cabral expone hasta el 27 de
febrero de 2005 en el Palais de Glace.
|