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Entrevista en el Diario Clarín -Febrero 2005, suplemento de Viajes - OTRA ENTREVISTA

CONFIESO QUE HE VIAJADO - El gran legado de los Incas
entrevista Marina Oybin

Un viaje mágico a Perú y la comprobación del parentesco con nuestros antepasados indios.
Ciruelo. Ilustrador *

"Cuando salgo de viaje siempre llevo un cuaderno en el que apunto algunas reflexiones sobre las nuevas experiencias. Así, descubrí que en otros lugares surgen dibujos completamente diferentes a los que hago en mi estudio, y me encanta ver cómo el entorno actúa sobre ellos. Hace cuatro años hice un viaje a Perú que resultó mágico. Fui, con mi hermano y unos amigos a Cuzco, luego a Machu Picchu y, en el camino, pasé por todos los pueblos intermedios: Ollantaytambo fue uno de los que más me gustó.
Tuvimos la suerte de estar acompañados, en todo momento, por un chamán inca que nos enseñó muchísimo, y nos permitió llegar a sitios desconocidos y de difícil acceso. Vivimos quince días de descubrimientos continuos. Nos metimos en cuevas por las que bajamos decenas de metros en la oscuridad -con temor, en algunos momentos- para salir por otro sitio, luego de haber entrado en unas cavernas inolvidables. En Cuzco, cerca del conocido Templo de la Luna, visitamos un lugar secreto y bellísimo: el Templo del Arco Iris. Creo que es el lugar más maravilloso del mundo. Nunca hubiéramos podido llegar allí sin las indicaciones de este chamán de gran sabiduría. El templo es una piedra gigantesca, en medio de un valle verde intenso donde hay unos bosquecitos muy empinados. Abajo corre un riachuelo turquesa, que atraviesa una roca enorme y forma una gruta. Allí, sobre las paredes de la roca, los incas tallaron laberintos y balcones. Desde uno de ellos al asomarse se puede ver una pared chorreada de cientos de colores, provenientes de distintos minerales, un arco iris sobre la roca.
Fue una experiencia única, ya que descubrí la cultura inca y todos los aspectos en común que tengo con ella. Me impactó la similitud entre su percepción de la realidad y la mía. Y esto lo noté, especialmente, en mi trabajo artístico. Hace varios años, desarrollo una faceta de mi arte llamada petropictos, que son obras pintadas sobre piedras. Descubro la forma natural que hay en ellas y la uso para lograr un elemento de apariencia tridimensional -sólo a partir de la pintura- sin tallarla. Sin embargo, dan la sensación de haber sido esculpidas. Surgen, así, imágenes de guerreros, elefantes, sirenas, personajes alados, y rostros de gnomos y hombres. Me sorprendió descubrir que los incas también tenían esta habilidad para ver figuras en las piedras. Todas sus construcciones, incluso las ciudades, se creaban pensando en la forma que tendrían al ser observadas desde el aire.
Un aspecto que me apasiona y me resulta increíble es que construían los
templos y las pequeñas urbanizaciones cerca de montañas que tenía para ellos una forma significativa. Machu Picchu, por ejemplo, tiene las montañas del Puma y el Cóndor, que son los dos grandes símbolos de su cultura.
Este viaje fue clave en mi vida, ya que sin que me lo propusiera me demostró que tengo un fuerte vínculo con la cultura inca y su cosmovisión, y que mi habilidad para pintar las piedras tiene mucho que ver con ellos y su arte."

* Ciruelo Cabral expone hasta el 27 de febrero de 2005 en el Palais de Glace.