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.............Entrevista en Revista Nueva. Marzo 2009............

CIRUELO Y LAS LEYENDAS PATAGÓNICAS.

Por Patricia Delmar

Su nombre da la vuelta al mundo de la mano de dragones y hadas, y son famosas las ilustraciones que hizo para George Lucas. Ahora, las culturas ancestrales del sur argentino han atrapado la tinta de este artista top del Fantasy Art que también es conocido por su técnica petropictos, el arte de pintar sobre piedras.

Tiene los ojos oscuros, mirada profunda y voz calma. El pelo lacio echado para atrás y un aura de naturalidad permanente completan el estilo singular de Ciruelo. Su personalidad es firme y, aunque haya colas de gente cerca de nosotros esperando turno para pedirle una dedicatoria, él conversa sereno; parece saber que luego dispondrá de tiempo para saludar a cada uno sin sobresaltos. Ciruelo escucha, habla y observa con clara resolución. Así, nuestra charla avanza de forma ágil y concreta.
Es argentino, nació en Buenos Aires en 1963 y desde hace más de veinte años vive cerca de Barcelona con su mujer Daniela y sus dos hijos, Lys y Angelo. Ama la naturaleza y no tolera demasiado el bullicio de las grandes ciudades, por eso optó por un lugar más pequeño como Sitges, que ya había atrapado al pintor Santiago Rusiñol, uno de los maestros del modernismo. Quizá la magia de la luz haya sido una de las claves que tanto capturó la atención de él y muchos otros artistas ligados a aquel movimiento posimpresionista. Desde allí, situado en la cima de una montaña cercana al Mar Mediterráneo, Ciruelo trabaja, se inspira y desarrolla sus múltiples actividades. Exposiciones, ilustraciones para libros, portadas de discos y films, que se producen en diversos países, forman ese rosario de convocatorias permanentes que lo impulsan con su arte en presentaciones y ediciones impactantes.
Nadie sospecharía que este artista es daltónico, es decir, no percibe determinados colores y confunde algunos. Sin embargo, este rasgo no le ha impedido desplegar sus dones por el arte en una nutrida variante cromática que viene utilizando para sus composiciones fantásticas.
Sin pausas, desde muy joven Ciruelo ha mantenido una verdadera pasión y firmeza en su carrera, y hoy se ha convertido en un artista de culto, admirado, especialmente por el público juvenil, amante de su universo de ilusión. Una gran exposición en el Centro Cultural Recoleta presenta sus obras hasta el 22 de marzo. “El señor de los dragones”, como lo llaman sus fans, también es músico, y sus composiciones acompañan su mundo de sueños y fantasía.

Conocimiento ancestral

Este arte basado en elementos fantásticos logra emocionar y sorprender. Es posible que sea una de las claves de Ciruelo: su sello que llega de forma directa, pero también subliminal, y cautiva la sensibilidad del espectador. Más allá de los personajes que él elige para sus creaciones (hadas, dragones, elfos, duendes y tantos otros extraños seres del bosque) a lo largo de su trayectoria puede apreciarse un recorrido por las leyendas más ancestrales de distintas culturas, tanto europeas como americanas.

–¿Por qué ahora las leyendas de la Patagonia?
–Es nuevo a nivel público pero lo cierto es que desde siempre estuve interesado en la Patagonia; continuamente he hecho algunos trabajos para mí, para consumo propio: dibujitos y escritos también. Algunos de ellos vieron la luz a través de mi Cuaderno de Viajes, que salió hace cinco años. Ahí pude dejar traslucir algunos de estos intereses que siempre tuve.

–¿Cuál sería el núcleo de las leyendas en el sur argentino?
–Desde muy chico ya me interesaba la cosmovisión de las culturas ancestrales. Como soy argentino, entré en contacto con cosas que tenía aquí, a mano. Cuando me fui a Europa, por una cuestión profesional, pero también porque me gustaba, conocí la cultura celta, por ejemplo. Me encanta, y dediqué gran parte de mi carrera a ilustrar cosas relacionadas con ese mundo. A medida que me fui convirtiendo más en artista que en ilustrador, comencé a introducir las cosas que a mí me interesaban. Casi te podría decir que prácticamente no hay diferencia entre la cosmovisión de los mayas, incas o mapuches, con la de los celtas.
A mí lo que me interesa es el ser humano en relación con el entorno natural; a partir de ahí, hay un montón de conocimiento que uno adquiere directamente de la naturaleza y de ciertas fuerzas que operan en el mundo. No hay grandes diferencias entre las culturas ancestrales. Mi viaje por el sur lo hice con la intención de descubrir las imágenes de esa tierra y su cultura original. San Martín de los Andes fue una de mis metas. Un libro de leyendas indígenas me hizo conocer un relato que trata de una gigantesca serpiente con alas llamada Caicai-Vilu, que vivía en el fondo de las aguas y que causaba catástrofes cuando se enfurecía. Otra serpiente alada llamada Trentren, que habitaba en lo alto de las montañas, era la encargada de proteger a los hombres de los arrebatos de Caicai. De manera que un dragón "salía a recibirme" con esta leyenda de la Patagonia y eso f
ue una invitación a seguir buceando en la cultura mapuche.

–¿Te ha influido mucho la literatura?
–Para mí la literatura siempre tuvo un lugar predominante: empecé a leer historietas a los siete años. A los quince leía a Castaneda, que me presentaba un mundo en el que yo ya venía indagando. Lo interesante es cómo él se enfocó en la forma en que vivían otras culturas cinco mil años atrás. Acabo de publicar un libro llamado Hadas y Dragones (tema por el que me conocen en todo el mundo) donde abordé la importancia del arte. El protagonista de mi historia es un niño llamado “Kume”, que ama dibujar. Eso me permite hablar acerca de la visión del artista. Quiero revalorizar la categoría que tiene eso, su importancia. En esta sociedad de consumo, esta cuestión está menospreciada.

–¿Es quizás una de las causas por las que has escrito el libro?
–Es una de las excusas que me llevaron a hacerlo. También quería reflejar la cosmovisión precolombina, siempre desde un punto de vista lúdico, de la mano de una literatura fantástica que pueda atraer, en especial, a los lectores jóvenes. El que después quiera indagar un poco más va a encontrar todo el trasfondo. Pero yo no tengo más pretensión que hacer mi obra lúdico-fantástica, de diversión artística y entretenimiento. Cuando ya había comenzado a escribir este libro, entré en contacto con gente originaria de comunidades incas y mapuches que está continuando la tradición originaria.

–¿Viajaste mucho por América?
–Sí. Estuve bastante tiempo en Perú, sobre todo en Machu Picchu y en el Valle Sagrado; ahí me deleité con experiencias y conocimientos muy fuertes que me entraron de golpe. Hice tres viajes por la Patagonia que me marcaron un par de perspectivas fundamentales. Cuando descubrí la leyenda de Trentren y Caicai, las dos serpientes aladas de la mitología mapuche, terminó de hacer clic toda mi historia, y la orienté para ese lado.

–Existe algo llamativo en tus petropictos: pareciera verse el “alma” de las piedras.
–Sí. Eso es algo que no puedo explicar con palabras. Se trata de un fenómeno mágico, muy interno, cuya única manera de expresarlo es así. Hay mucha gente que lo percibe. He visto gente emocionarse y llorar frente a estas piedras pintadas.

–El elefante que integra la exposición es conmovedor…
–Ese elefante tiene diez minutos de trabajo. Pero le capturé la esencia muy rápido. Le pregunté al elefante: “¿Qué estás haciendo acá?”. Lo empecé a pintar y se manifestó con una rapidez, soltura y naturalidad, que dije: “Estabas esperando que yo te viera”. Finalmente las piedras almacenan información. Lo que te estoy diciendo ahora es mapuche, inca, maya y celta. Todo a la vez. Pero, al mismo tiempo, es digital, es el mundo virtual en el que vivimos, en el cual en una nada de un milímetro por un milímetro se almacenan gigas de conocimiento, bibliotecas enteras, músicas, imágenes. Estamos viviendo en un mundo virtual que no entendemos, pero que tiene que ver con lo ancestral.
Estamos trabajando todo el día para conseguir materia; desperdiciamos nuestra vida para conseguir cosas materiales. En realidad, no debería ser así. No vinimos al mundo para esto, sino para estar caminando por la montaña, beber agua de un arroyo, jugar con nuestros hijos todo el día. La vida tiene que ser lúdica, artística, creativa. Hay que darse cuenta de que uno, para alimentarse, con una hora al día que trabaje cuidando sus plantitas es suficiente. Cuando se tienen que trabajar diez horas para conseguir comida, en realidad se está trabajando para conseguir un montón de recursos que se los lleva otro. Ni siquiera esos recursos están bien distribuidos. Ahí está el problema.

–¿Qué rescatás, entonces, de las piedras?
–Lo que a mí me ocurre cuando pinto una piedra es un acto mágico que no puedo explicar porque es intransferible. Sólo interpreto una escencia que hay almacenada en las piedras. Entonces, se desencadena la magia a través de la creación. De eso trata principalmente una muestra de Petropictos.

–¿Qué sorpresas te ha ido dejando la itinerancia de tu obra por el mundo?
–Millones de sorpresas. Quizás las más fuertes vienen de parte de chicos de cinco, seis, siete años, de cualquier parte del mundo. Anualmente asisto a eventos y exposiciones en Italia, Estados Unidos, Alemania, Francia, España, Holanda. En todas partes pasa exactamente lo mismo: de repente hay chicos que, nadie sabe por qué, empiezan a dibujar dragones; tienen sueños... visiones. Sus padres no saben cómo tomarlo y me los traen a mí. Entonces, cuando yo hablo con estos chicos, me encuentro con una cantidad de conocimiento insólito para un niño. Me dicen cosas que a mí me llevaron veinte años descubrir. Eso creo que es lo más curioso, lo más fuerte. Me encanta también que muchos padres vengan a mí para tratar de orientar a sus hijos que dibujan todo el día. Me muestran los dibujos y yo los aconsejo. Esa es otra parte de mi trabajo que adoro. Tengo una conexión muy fuerte con los chicos. Ahora que tengo dos, uno de once años y una de siete, estoy redescubriendo su mundo. Identifico qué es lo que ellos están aprendiendo y qué es lo que están trayendo consigo. Lo cierto es que traen conocimiento de algún lado. Bueno, creo que con todos los chicos pasa lo mismo.

–¿Próximos planes?
–En este momento estoy escribiendo un libro titulado Cuaderno de Sueños de Ciruelo, que continúa la serie de Cuaderno de Viajes. Tiene el mismo formato. Son dibujos y textos muy espontáneos donde ejercito la improvisación. Me pongo a dibujar y, de repente, salen cosas que me sorprenden. Las ideas vienen como dibujos y como textos. Estas pequeñas ideas que afloran, preguntas, cuestionamientos, dudas, certezas son la base de mi arte en general. Estoy “desnudando” la esencia de mi creatividad.


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