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Entrevista publicada en la revista Mastercard Magazine, en Abril de 2001 - OTRA ENTREVISTA

DURO CON EL ARTE
por Astor Balada

Lo que se entiende actualmente como pintura de caballete tuvo su antecedente en frescos y murales anónimos, que tenían una función muy clara: inspirar religiosidad. Jamás fueron pensados para recalar directamente en galerías de arte, los museos o decorar casas. También sin pretenciosidad, hoy el Fantasy Art recorre diversos ámbitos y formatos con un solo objetivo, dar cuenta de un tiempo veloz en sensaciones y que por ello mismo suele anclarse en mitos y leyendas.
Y es en este ámbito que Ciruelo Cabral ha forjado una prestigiosa carrera que no tiene fronteras. Un prestigio que se sustenta en hechos concretos: cuatro libros de ilustraciones editados, tapas de discos (Luis Alberto Spinetta, Steve Vai) y de libros como la trilogía literaria post Willow escrita por el cineasta George Lucas, cartas Magic y demás manifestaciones del pop fantástico.
Sus obras, recostadas en el hiperrealismo fantástico, no por viscerales dejan de tener una sensibilidad, una simbología, un sello distintivo. En ellas, las cruentas imágenes de doncellas, guerreros, dragones, gnomos y cancerberos alcanzan ese nivel de seducción que suele impactar al observador. Y a su vez, esa galería de personajes míticos, ancestrales, nunca contentan únicamente por estética, sino que también dan cuenta de una armoniosa narratividad.


UN LARGO CAMINO
Porteño de 37 años, Ciruelo vive desde hace 14 en Sitges ­muy cerca de Barcelona­ desde donde despliega todo su arte.
Sobre sus inicios porteños comenta: "Comencé a dibujar siendo un niño, como la mayoría de los ilustradores. A los 9 años supe que tenía gran facilidad para el dibujo, de hecho me pasaba muchas horas del día entre papeles y lápices".
Luego le llegaría, tras el consejo de esas maestras que nunca se olvidan, una educación secundaria orientada hacia el dibujo en el instituto Fernando Fader. Sin embargo, se siente inmerso en una búsqueda más que nada personal:
"Mi especialización fue realmente informal, basada en la práctica de técnicas que veía en libros y hablando con otros artistas".
Lo que seguiría posteriormente es la infatigable marcha de alguien que tiene mucho para decir: el paso como ilustrador por agencias de publicidad, la labor paralela para publicaciones antológicas de los ochenta como Fierro ("sentía la necesidad de hacer ilustraciones más creativas y alejarme así de la publicidad, único medio rentable de esta profesión en la Argentina"), la independencia y la labor free lance (por ejemplo, aquel famoso afiche del hombre de espaldas del film Hombre mirando al Sudeste es de su autoría) y un viaje tan proverbial como el mensaje de algunas de sus obras. Ante la pregunta, dilucida sin misterios los aconteceres de aquel cambio de geografía:
"Fue en el 87. Me fui por dos meses sólo para conocer, pero apenas allí, recibí varias ofertas de trabajo. Lo que siguió fue elegir Sitges, una capital mundial de la actividad plástica que realizo".


CONSAGRACIÓN
La publicación en 1991 de The Book of the Dragon ­un volumen de ilustraciones dedicado por completo a la figura de esos encumbrados seres­ posicionó en el mundo a Ciruelo como uno de los dibujantes más logrados de fantasy, o fantasía épica. Pero, de dónde surgió esa inspiración temática acerca de lo mitológico, lo ancestral tan recurrente en su obra, él mismo lo relata: "Desde chico me fascinan los comics, la literatura fantástica y el cine, pero lo que realmente disparó mi interés en el arte fantástico fue descubrir, a los 15 años, los libros de Roger Dean y Frank Frazetta. Lo que siempre tengo presente es el encanto que producen en mí la naturaleza y las culturas ancestrales. Ultimamente he tenido un acercamiento personal a mis propias raíces americanas y espero que eso vaya trasluciéndose en mis trabajos".
Sobre su manera de trabajar no tiene otros secretos que no sean el talento y el esfuerzo: "Cuando comienzo una ilustración, la imagino hasta tenerla finalizada en mi mente. Luego comienzo a recopilar información para usarla como referencia.
Tengo archivos con fotos de revistas y otras hechas por mí. Suelo fotografiar a mi mujer, Daniela, como modelo para los personajes femeninos y a mí mismo para los masculinos. Luego hago varios pequeños bocetos a lápiz y, si es posible, bocetos a color también. Cuando tengo la idea resuelta comienzo el dibujo original a lápiz, el cual transfiero a la tela".
Y si bien lo suyo no es arte digital ni mucho menos cinético, Ciruelo lejos está de esa necesidad tan común de renegar de las posibilidades que hoy otorga la tecnología. Sucede que desde hace unos años se vale de la computadora para lograr en menor tiempo los efectos que antes sólo se podían realizar con aerógrafo, como ciertos acabados, degradés o planos perfectos. Asimismo, esa tecnología le ha permitido ­internet mediante­ llegar con su trabajo a personas de todos los rincones del mundo.


PETROPICTOS
Continuador de esa inquietud constante ante la vida que tuvieron otros porteños como Roberto Arlt, Ciruelo es inventor. También como esos hechiceros que tanto lo inspiraron en su temprana juventud cuando empezó a recorrer los mundos mitológicos de la mano de J.R.R.Tolkien, él ha conjurado en la realidad algo que siempre se le sugería a su mirada a partir de las tres dimensiones. Se trata de los petropictos (un arte que creó en 1995), que no son otra cosa que dibujos sobre piedras de los seres y criaturas que estas mismas le proponen. Los realiza valiéndose de una técnica depurada (en aerógrafo y pincel, con pintura acrílica) por años de labor, que le permite develar en la roca inmemorial las imágenes sugeridas por contornos, resquebrajamientos y erosiones fortuitas. Son obras que dan la sensación de haber sido esculpidas, aunque en realidad podría decirse que son composiciones en las que la pintura y la escultura confluyen de una manera única.
Una suerte de diálogo mágico con la naturaleza.
Con sus formas, efectos e insinuaciones, que siempre están por cobrar vida, los petropictos fueron la manera en que este artista pudo satisfacer sus deseos de trabajar con la piedra, "un elemento que me permite una conexión con la tierra y con una conciencia escondida que me nutre y enseña muchísimo, tal cual les pasaba a nuestros antepasados".
Proponiendo toda esta carga de expresiones, Ciruelo recaló en Buenos Aires. Ahora, seguramente, desde Sitges, habrá vuelto a buscar las eternas respuestas a las eternas preguntas.
Y su arte seguirá comunicando cómo le va en eso.