DURO
CON EL ARTE
por
Astor Balada
Lo
que se entiende actualmente como pintura de caballete
tuvo su antecedente en frescos y murales anónimos, que
tenían una función muy clara: inspirar religiosidad.
Jamás fueron pensados para recalar directamente en galerías
de arte, los museos o decorar casas. También sin pretenciosidad,
hoy el Fantasy Art recorre diversos ámbitos y formatos
con un solo objetivo, dar cuenta de un tiempo veloz
en sensaciones y que por ello mismo suele anclarse en
mitos y leyendas.
Y es en este ámbito que Ciruelo Cabral ha forjado una
prestigiosa carrera que no tiene fronteras. Un prestigio
que se sustenta en hechos concretos: cuatro libros de
ilustraciones editados, tapas de discos (Luis Alberto
Spinetta, Steve Vai) y de libros como la trilogía literaria
post Willow escrita por el cineasta George Lucas, cartas
Magic y demás manifestaciones del pop fantástico.
Sus obras, recostadas en el hiperrealismo fantástico,
no por viscerales dejan de tener una sensibilidad, una
simbología, un sello distintivo. En ellas, las cruentas
imágenes de doncellas, guerreros, dragones, gnomos y
cancerberos alcanzan ese nivel de seducción que suele
impactar al observador. Y a su vez, esa galería de personajes
míticos, ancestrales, nunca contentan únicamente por
estética, sino que también dan cuenta de una armoniosa
narratividad.
UN LARGO CAMINO
Porteño de 37 años, Ciruelo vive desde hace 14 en Sitges
muy cerca de Barcelona desde donde despliega todo
su arte.
Sobre sus inicios porteños comenta: "Comencé a
dibujar siendo un niño, como la mayoría de los ilustradores.
A los 9 años supe que tenía gran facilidad para el dibujo,
de hecho me pasaba muchas horas del día entre papeles
y lápices".
Luego le llegaría, tras el consejo de esas maestras
que nunca se olvidan, una educación secundaria orientada
hacia el dibujo en el instituto Fernando Fader. Sin
embargo, se siente inmerso en una búsqueda más que nada
personal:
"Mi especialización fue realmente informal, basada
en la práctica de técnicas que veía en libros y hablando
con otros artistas".
Lo que seguiría posteriormente es la infatigable marcha
de alguien que tiene mucho para decir: el paso como
ilustrador por agencias de publicidad, la labor paralela
para publicaciones antológicas de los ochenta como Fierro
("sentía la necesidad de hacer ilustraciones más
creativas y alejarme así de la publicidad, único medio
rentable de esta profesión en la Argentina"), la
independencia y la labor free lance (por ejemplo, aquel
famoso afiche del hombre de espaldas del film Hombre
mirando al Sudeste es de su autoría) y un viaje
tan proverbial como el mensaje de algunas de sus obras.
Ante la pregunta, dilucida sin misterios los aconteceres
de aquel cambio de geografía:
"Fue en el 87. Me fui por dos meses sólo para conocer,
pero apenas allí, recibí varias ofertas de trabajo.
Lo que siguió fue elegir Sitges, una capital mundial
de la actividad plástica que realizo".
CONSAGRACIÓN
La publicación en 1991 de The Book of the Dragon
un volumen de ilustraciones dedicado por completo a
la figura de esos encumbrados seres posicionó en el
mundo a Ciruelo como uno de los dibujantes más logrados
de fantasy, o fantasía épica. Pero, de dónde surgió
esa inspiración temática acerca de lo mitológico, lo
ancestral tan recurrente en su obra, él mismo lo relata:
"Desde chico me fascinan los comics, la literatura
fantástica y el cine, pero lo que realmente disparó
mi interés en el arte fantástico fue descubrir, a los
15 años, los libros de Roger Dean y Frank Frazetta.
Lo que siempre tengo presente es el encanto que producen
en mí la naturaleza y las culturas ancestrales. Ultimamente
he tenido un acercamiento personal a mis propias raíces
americanas y espero que eso vaya trasluciéndose en mis
trabajos".
Sobre su manera de trabajar no tiene otros secretos
que no sean el talento y el esfuerzo: "Cuando comienzo
una ilustración, la imagino hasta tenerla finalizada
en mi mente. Luego comienzo a recopilar información
para usarla como referencia.
Tengo archivos con fotos de revistas y otras hechas
por mí. Suelo fotografiar a mi mujer, Daniela, como
modelo para los personajes femeninos y a mí mismo para
los masculinos. Luego hago varios pequeños bocetos a
lápiz y, si es posible, bocetos a color también. Cuando
tengo la idea resuelta comienzo el dibujo original a
lápiz, el cual transfiero a la tela".
Y si bien lo suyo no es arte digital ni mucho menos
cinético, Ciruelo lejos está de esa necesidad tan común
de renegar de las posibilidades que hoy otorga la tecnología.
Sucede que desde hace unos años se vale de la computadora
para lograr en menor tiempo los efectos que antes sólo
se podían realizar con aerógrafo, como ciertos acabados,
degradés o planos perfectos. Asimismo, esa tecnología
le ha permitido internet mediante llegar con su trabajo
a personas de todos los rincones del mundo.
PETROPICTOS
Continuador de esa inquietud constante ante
la vida que tuvieron otros porteños como Roberto Arlt,
Ciruelo es inventor. También como esos hechiceros que
tanto lo inspiraron en su temprana juventud cuando empezó
a recorrer los mundos mitológicos de la mano de J.R.R.Tolkien,
él ha conjurado en la realidad algo que siempre se le
sugería a su mirada a partir de las tres dimensiones.
Se trata de los petropictos (un arte que creó en 1995),
que no son otra cosa que dibujos sobre piedras de los
seres y criaturas que estas mismas le proponen. Los
realiza valiéndose de una técnica depurada (en aerógrafo
y pincel, con pintura acrílica) por años de labor, que
le permite develar en la roca inmemorial las imágenes
sugeridas por contornos, resquebrajamientos y erosiones
fortuitas. Son obras que dan la sensación de haber sido
esculpidas, aunque en realidad podría decirse que son
composiciones en las que la pintura y la escultura confluyen
de una manera única.
Una suerte de diálogo mágico con la naturaleza.
Con sus formas, efectos e insinuaciones, que siempre
están por cobrar vida, los petropictos fueron la manera
en que este artista pudo satisfacer sus deseos de trabajar
con la piedra, "un elemento que me permite una
conexión con la tierra y con una conciencia escondida
que me nutre y enseña muchísimo, tal cual les pasaba
a nuestros antepasados".
Proponiendo toda esta carga de expresiones, Ciruelo
recaló en Buenos Aires. Ahora, seguramente, desde Sitges,
habrá vuelto a buscar las eternas respuestas a las eternas
preguntas.
Y su arte seguirá comunicando cómo le va en eso.
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